Corea del Norte y su régimen no deja de asombrarnos, por su aura de misterio y enigmas: Otto Warmbier, el estudiante de 22 años que regresó a Estados Unidos la semana pasada en estado de coma después de pasar 17 meses preso en Corea del Norte, falleció este lunes en el Hospital Universitario de Cincinnati (Ohio) por el «daño neurológico grave» que sufrió durante su cautiverio. ¿Se les habrá pasado la mano al gobierno de Kim Jong-un?

Fueron sus padres, Fred y Cindy Warmbier, quienes informaron en un comunicado de que «ha completado su viaje a casa» y «estaba en paz» cuando falleció pasado el mediodía rodeado de sus familiares. «Lamentablemente, el horrible maltrato que nuestro hijo recibió de manos de los norcoreanos ha provocado el resultado que hemos vivido hoy», aseguraron en una escueta nota que fue remitida ante los medios.

Este estudiante de la Universidad de Virginia fue arrestado en el aeropuerto de Pyongyang en enero de 2016 por tratar de robar un cartel de propaganda del hotel en el que pernoctó durante su viaje de cinco días por Corea del Norte organizado por una agencia de viajes de China, donde estaba como participante de un programa de intercambio académico. En febrero, un Otto bañado en lágrimas confesaba ante las cámaras que había cometido «el peor error de mi vida», lo que no le libró de ser condenado a 15 años de trabajos forzados culpable de «actos hostiles contra el Estado».

Desde entonces, el misterio sobre su situación se hizo presente (cosa bastante habitual en un régimen tan hermético como el de Corea del Norte), hasta que el martes de la semana pasada, Pyongyang anunció su puesta en libertad por «motivos humanitarios». Según habían explicado los norcoreanos, el joven llevaba un año en coma supuestamente tras sufrir un brote de botulismo y tomar una pastilla para dormir, por lo que tuvo que ser evacuado por un equipo médico de vuelta a EEUU: algo aquí, sin duda, huele sospechoso…

Pero… los médicos encargados de tratar a Warmbier en Ohio rechazaron la versión oficial norcoreana, asegurando que «no hay rastros de botulismo» y que el paciente sufría una extensa pérdida de tejido cerebral. «Este tipo de daños cerebrales suele ser consecuencia de un paro cardiorrespiratorio, cuando la irrigación del cerebro es insuficiente», explicó el equipo médico, que describió su condición neurológica de «estado de vigilia inconsciente». Sin embargo, todavía no han sido capaces de determinar las razones que provocaron estos daños y aseguraron que no hay evidencias que demuestren que se haya sufrido abusos físicos. Así que el misterio que rodea su enfermedad y muerte sigue siendo un enigma, el mismo que circunscribe al régimen de Kim Jong-un.

«Cuando Otto regresó a Cincinnati a última hora del 13 de junio era incapaz de hablar, incapaz de ver e incapaz de reaccionar a las instrucciones verbales. Parecía muy incómodo, casi angustiado. Aunque nunca volvimos a escuchar su voz, en un día cambió su semblante: estaba en paz. Estaba en casa y creemos que podía sentirlo», aseguraron sus padres ante la prensa.

La muerte del joven añade aún más tensión a las ya de por sí tirantes relaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte, agravadas por los repetidos ensayos balísticos del régimen comunista norcoreano. «El destino de Otto profundiza la determinación de mi Administración de evitar que estas tragedias ocurran a personas inocentes a manos de regímenes que no respetan el estado de derecho o la decencia humana básica», declaró tras conocer la noticia el presidente estadounidense, Donald Trump.

Aunque el régimen de Kim Jong-un no se ha pronunciado oficialmente sobre lo sucedido más allá del escueto comunicado que informaba de la liberación la semana pasada, uno de sus oficiales, Kim Kwang-hak, sí que se refirió este fin de semana al caso en un encuentro internacional celebrado en Mongolia en el que aseguró que Warmbier «no es un ciudadano corriente de EEUU» y que fue castigado por intentar derrocar al gobierno de Corea del Norte. Dicho en otras palabras, no vamos a decirles qué paso con él cuando estuvo en nuestras manos.

En la actualidad, este régimen comunista mantiene en sus prisiones a otros tres ciudadanos estadounidenses, dos profesores de una universidad de Pyongyang y un religioso acusado de espiar para Corea del Sur. En el pasado, otros prisioneros han sido utilizados como arma de presión a la hora de negociar con EEUU, con el que teóricamente está en guerra desde 1950.

El caso de Warmbier también ha puesto en entredicho el papel que juegan las agencias de viaje que organizan los tours por Corea del Norte, acusadas desde algunos frentes de no advertir suficientemente sobre los peligros que implican este tipo de periplos. Young Pioneer Tour, la empresa con la que viajó Warmbier, publicó este martes un comunicado en el que aseguraba que la muerte del joven les llevaba a replantearse su posición con respecto a los turistas norteamericanos. «Antes no hubo ninguna detención en Corea del Norte que terminara con un final tan trágico y estamos luchando por procesar lo sucedido», declararon en su perfil de Facebook. «Ahora, la evaluación del riesgo para los estadounidenses que visitan Corea del Norte se ha vuelto demasiado alta. Considerando estos hechos y el trágico resultado, no organizaremos más viajes para ciudadanos estadounidenses a Corea del Norte»: sin lugar a discrepancia, una forma muy peculiar de lavarse las manos por su papel en esta situación.

Veamos si el misterio que envuelve la muerte de este estudiante, no queda en el mismo secretismo que persigue al régimen de Corea del Norte.

Mientras tanto en el continente americano Trump tiene dolores de Cabeza por culpa de Rusia

Sobre El Autor

Campeón de Scrabble - Autor

Internacionalista de la UCV, Magister en Economía Internacional de la UCV, Profesor Universitario, poliglota, agnóstico, rugbier. Donde haya playa, ahí estaré.

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