Corea del Sur con un nuevo escenario político en puertas.

Al calor de las noticias del ISIS, las protestas en Venezuela, las movidas políticas de Donald Trump, la victoria de Macron en Francia, lo atractivo que es la nueva “Primera Dama MILF” de Francia, o la eterna crisis de Norcorea, hubo una noticia que a pesar que saltó los grandes titulares, muestra cómo la indignación ciudadana en otras partes puede tener un final interesante.

Ayer martes 09 de mayo de 2017, Corea del Sur realizó unas elecciones presidenciales adelantadas. Las cuales estuvieron caracterizadas por una serie de escándalos de corrupción de su otra mandataria Park Geun-hye, quién tuvo que dimitir al favorecer una red de “tráfico de influencias”, en donde estaba involucrada una muy estrecha amiga de esta Jefa de Estado, la indignación ciudadana no se hizo esperar: millones de personas en Seúl, Incheon y otras grandes ciudades, desde mediados del año pasado pedían la cabeza de la presidenta, debido a la multitud de acusaciones. Al final, la gobernante dimitió y hubo que realizar en este mes elecciones adelantadas (previstas en un principio para diciembre de 2017).

La campaña fue liderada desde el inicio por los dos líderes políticos opositores a la expresidenta, y el resultado no generó sorpresas. Moon Jae-in, líder del principal partido de oposición (el liberal y progresista Partido Democrático de Corea) ganó con más del 41% de los votos, prácticamente duplicando a su más inmediato contendiente. La movilización del electorado, tradicionalmente abstencionista en este país asiático, no dejó dudas: un 78% de los electores surcoreanos fueron a las urnas.

Ahora el nuevo presidente, quién tomara posesión en las próximas horas (sin tanta demora ni formalidad protocolaria, ¡digno de admirar en otras latitudes!), tendrá una serie de desafíos internos y sobre todo externos, que deberá asumir sin demora alguna.

Las relaciones con EE.UU.

Deberá mantener las estrechas relaciones con los Estados Unidos, ya ha anunciado por un lado que adoptará una política mucho más autónoma respecto a Corea del Norte, al tiempo que prometió reducir la financiación de proyectos defensivos conjuntos con EE.UU (por ejemplo el llamado THAAD), esto aún está por verse, ya que, el programa punta de lanza del sistema defensivo norteamericano en el Extremo Oriente, tiene más vigencia ahora con una Corea del Norte enfocada a dar una “vuelta de tuerca” al tema nuclear.

Las relaciones con China y Corea del Norte.

Ha prometido tender puentes con su país vecino, al ejemplo que hicieron otros mandatarios surcoreanos a inicios de la década del 2000, pero el contexto mundial aún no parece favorable a acercamientos a Pyongyang. Menudo reto. Mientras tanto, con China buscará reducir tensiones, para ello el no fortalecer el sistema THAAD con EE.UU, puede ser una llave para esa acción, sin embargo, cerrar filas en una acera contraria a los EE.UU a la larga, seria una pésima decisión para una Corea del Sur que aún tiene presente la amenaza de Corea del Norte al pie del cañón.

Las relaciones con Japón.

Más allá de las histórica rivalidad que mantienen estos dos países (no hay que olvidar que antes de la II Guerra Mundial, Japón mantenía como colonia a toda la Península Coreana, y que las tropas japonesas cometieron desmanes contra la población coreana por décadas), el tema norcoreano tiene en “alerta” al país nipón. Sus relaciones con Tokio, dependerán de mucho de cómo lleve sus gestiones con la Corea del Kim Jong-un.

La corrupción interna.

La anterior presidente, de talante conservador, salió de la escena por un escándalo que involucraba no solo a su gobierno, sino al fuerte y todopoderoso sector empresarial surcoreano (llamados “Chaebols”, éstos incluyen empresas muy conocidas a nivel mundial como Samsung, LG o Hyundai, entre otros). Las tramas de corrupción salpicaron a imperios empresariales enteros, y la demanda ciudadana ha sido por reformar el funcionamiento de estos conglomerados privados, y que el gobierno regule su accionar frente a acciones similares. El verdadero reto de este abogado de 64 años, antiguo defensor de los derechos humanos en los años 70 y 80 del siglo pasado (cuando Corea del Sur vivía una férrea dictadura militar) y político de carácter progresista, será cumplir con la promesa de reformar a estas corporaciones, con nuevas regulaciones y leyes que controlen su accionar.

Ahora se verá si el poder político, puede realmente “poner en cintura” a unos poderes económicos que son parte integral del “sistema nervioso central” de la Novena Economía Mundial.

¡Amanecerá y veremos!

행운을 빌어 요 (Buena suerte en coreano)

Sobre El Autor

Campeón de Scrabble - Autor

Internacionalista de la UCV, Magister en Economía Internacional de la UCV, Profesor Universitario, poliglota, agnóstico, rugbier. Donde haya playa, ahí estaré.

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