“¡Valientes, valientes!”, los manifestantes vitorean a un grupo de jóvenes que caminan con afán decidido, en dirección a una barrera de oficiales de policía dispuesta por el Estado para mantener el orden público durante el ‘Gran Plantón Nacional’, una protesta que fue convocada por la oposición el pasado 24 de abril.

Surcan la Avenida Francisco Fajardo de Caracas, como quien ha decidido que se juega todo o nada. Algunos llevan el pecho al desnudo, pero la mayoría esconde sus rostros en indumentarias, máscaras anti gas y lentes. Esto es una protesta en Venezuela.

Los gases lacrimógenos que son usados por los de uniforme contra la protesta, podrían ser el motivo del misterio. Pero además, cubrir la identidad durante los enfrentamientos, resulta importante cuando lo que está en riesgo es la libertad.

Hace poco más de una semana, Francisco José y Alejandro Sánchez Ramírez, fueron detenidos por motivos relacionados a las protestas. Su caso es conocido por acarrear denuncias de tortura y tratos inhumanos durante los interrogatorios. Ambos declararon haber sido sometidos a dar testimonios falsos, pero aun así, fueron declarados culpables de Instigación Pública, y enviados a la cárcel.

Según la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, al menos 1289 personas han sido detenidas desde el 31 de marzo de 2017, fecha en la que empezaron las protestas. 65 aún están detenidas y 217 serán presentadas en tribunales.

El sol está inclemente y la avenida casi repleta, cuando uno de los más jóvenes del grupo ordena con sus palabras disminuir el ritmo de la andanza: “la gente está  burda de lo ‘caliguebeada’ (muy tranquila), la mecha (el problema) la vamos a tener que prender (encender) nosotros”.

No ha de tener más de 15 años, sus piernas se evidencian muy delgadas bajo el jean gris y el suéter negro no juega a favor de su masa corporal. Lleva consigo una mochila morada, gorra, y zapatos de skate. El rostro lo cubre con un pañuelo de claros y oscuros, sólo su mirada queda al descubierto.

El grupo parece haber creado una estrategia. Se preparan y lo hacen con calma. Vierten gotas en sus ojos, cubren la piel de sus rostros con Maalox: un medicamento que, entre otras cosas, ayuda a combatir los efectos de las lacrimógenas, recogen piedras en la carretera, y quienes los tienen, preparan escudos caseros.

La policía, en tanto, los espera.

Los jóvenes andan decididos a enfrentar a sus adversarios, y estos, no demoran en responder a la ofensiva. Suena un estruendo y el humo de las bombas lacrimógenas genera caos y estrés en los manifestantes que se han quedado atrás. Estos otros, cumplían con el propósito de la convocatoria: permanecer ‘plantados’ en la avenida durante 8 horas continuas.

Muchos ancianos, pocos niños, algún perro, jóvenes, adultos y vendedores ambulantes. Allí, los únicos rostros escondidos, están pintados con los colores de la bandera.

En tanto, algunos voceros de los partidos políticos, entre ellos el Concejal Reinaldo Díaz, intentan calmar a los más rebeldes. Les explica que los enfrentamientos le hacen el juego al gobierno, y que por el bien del resto de los manifestantes, deben desistir. Los invita a retroceder, pero no falta quien se rebela y justifica a la violencia con más violencia. Algunos ceden, sin embargo, otros mantienen la postura.

Aunque en días pasados las manifestaciones fueron reprimidas por las fuerzas de seguridad, incluso antes de que las personas terminaran de congregarse. Esta vez son los jóvenes quienes incentivan los enfrentamientos.

La consecuencia es caos, división y el quiebre del ímpetu. Muchos de los manifestantes que permanecían en la protesta conversando y/o leyendo, huyen. “No se vayan”, le piden los que se quedan a los que comenzaron a andar lo más lejos posible de la protesta. “Esto es culpa de esos carajitos jodedores” (jóvenes conflictivos), se queja una señora de mediana edad.

¡Uno! Exclama un niño y sonríe. El grupo de amigos y familiares que se encuentra jugando el famoso juego de mesa, coloca sus cartas sobre una tela dispuesta en el asfalto: vuelven a barajar. La convocatoria es tan masiva, que estruendo de la violencia sólo llega como un rumor al otro extremo de la avenida, donde la tarima alberga a líderes de los diferentes partidos miembros de la Mesa de la Unidad Democrática.

“¿Están reprimiendo?” le pregunta un hombre de lentes oscuros y poco cabello, a una joven que pasa caminando con la cara pintada de blanco por el uso del Maadox, para apaciguar los efectos de las bombas. “Sí”, le responde. “Fueron los chamos (jóvenes) quienes provocaron a los  policías”, agrega. “Los vi cuando caminaban, la gente les gritaba ‘valientes’, y eso no está bien. No hay que animarlos”, dice antes de continuar su camino.

La convocatoria es una pequeña emulación del país: resulta un esfuerzo encontrar puntos de convergencia.

Desde la tarima, Freddy Guevara, Vicepresidente de la Asamblea Nacional, se dirige al público que permanece en calma: “venimos de hablar con los jóvenes y con los funcionarios de la policía, el ‘Plantón’ es una demostración de resistencia pacífica”. Asegura que gracias a los jovenes, la gente que lo escucha, no se está viendo afectada por la represión. “Pero hay que evitar la violencia”, enfatiza.

El Diputado Stalin González es uno de los últimos en dirigirse a la gente, dice que en las próximas horas se convocarán nuevas ‘protestas pacíficas’.

El chico delgado del bolso morado, pasea junto a otros jóvenes por la avenida en dirección a donde aún se producen enfrentamientos. Con su rostro descubierto y el cabello sudado, pero sin evidenciar cansancio, no parece estar escuchando lo que dice el Diputado.

Sobre El Autor

Domadora de Tigres y Autora

Soy una internacionalista que recientemente cumplió su sueño de ser periodista. A veces pienso que tengo el pasatiempo de complicarme la vida, quizá es cosa de adrenalina. ¡Ah! Y no puedo decidir si me gusta más la comida italiana o la peruana.

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